La provincia de Alicante se enfrenta a un nuevo episodio de vientos intensos que comenzará en la madrugada del viernes al sábado y se prolongará durante toda la jornada del 31 de enero. El Centro de Coordinación de Emergencias de la Generalitat (CCE) ha activado la alerta naranja por vientos para todo el territorio provincial, con rachas que según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) podrían superar los 100 kilómetros por hora en algunos puntos.
Se trata del tercer episodio de estas características en menos de un mes, lo que obliga de nuevo a extremar las precauciones tanto en el interior como en la costa, donde además se ha declarado alerta naranja por fenómenos costeros en todo el litoral.
La provincia, acostumbrada a convivir con el viento
Estos episodios no son nuevos por aquí. El pasado 8 de enero, rachas de más de 90 km/h derribaron árboles en municipios del interior y obligaron a cerrar parques municipales en localidades como Elche, Alicante capital o Alcoy. Apenas dos semanas antes, en las postrimerías de diciembre, otro temporal de características similares causó daños en embarcaciones deportivas amarradas en puertos de la Marina Baixa y provocó cortes de suministro eléctrico en pedanías de la Vega Baja.
La diferencia esta vez, advierten desde Emergencias, es la confluencia de varios factores: viento, fenómenos costeros y condiciones extremas para la propagación de incendios forestales.
El campo y el turismo, pendientes del cielo
Para el sector agrícola provincial, este temporal llega en un momento delicado. Los almendros del interior comienzan su floración y las explotaciones hortofrutícolas de la Vega Baja temen daños en invernaderos y cultivos al aire libre. «Cada vez que hay un aviso así tenemos que reforzar estructuras y rezar para que no se lleve las cubiertas de plástico», explicaba hace unas semanas un agricultor de la zona tras el último episodio ventoso.
El turismo costero, que empieza a ver luz tras un enero discreto, también se verá afectado. Las navieras que conectan Alicante con Orán y las rutas de ocio marítimo de Denia, Calp o Altea previsiblemente suspenderán sus servicios durante el sábado. Los hoteles de la costa ya han comenzado a recibir cancelaciones de reservas para el fin de semana.
En las zonas comerciales del interior y las áreas turísticas del litoral, los responsables de establecimientos se preparan para retirar elementos publicitarios, sombrillas y mobiliario de terrazas. «Aprendimos la lección en el último temporal, cuando varios toldos acabaron volando calle abajo», reconoce un comerciante del centro de Alicante.
Incendios: el peligro invisible
Quizá lo más preocupante sea la declaración de riesgo extremo de incendios forestales para toda la provincia. Las condiciones de viento intenso, baja humedad y temperaturas relativamente altas crean el cóctel perfecto para que cualquier chispa se convierta en un incendio de rápida propagación y difícil control.
El recuerdo de los grandes incendios que en años pasados arrasaron miles de hectáreas en comarcas como la Marina Alta, l’Alcoià o el Comtat está aún fresco en la memoria colectiva. Las zonas forestales afectadas por aquellos fuegos siguen en proceso de regeneración y resultan especialmente vulnerables.
Extremar la prudencia: el mensaje de las autoridades
La Conselleria de Emergencias e Interior ha lanzado un mensaje claro: este no es un fin de semana para arriesgar. Entre las recomendaciones figura evitar desplazamientos que no sean imprescindibles, sobre todo por carreteras de montaña donde los desprendimientos representan un peligro real.
En las viviendas, conviene hacer una revisión de elementos que puedan desprenderse: tejas sueltas, antenas mal fijadas, toldos deteriorados. Hay que cerrar bien puertas y ventanas, retirar macetas de balcones y terrazas, y asegurar cualquier objeto que el viento pueda convertir en proyectil: muebles de jardín, jaulas de pájaros, tendederos.
Las zonas arboladas, parques públicos y avenidas con árboles de gran porte deben evitarse durante las horas de viento más intenso. Tampoco es recomendable acercarse a edificios antiguos, muros, vallas publicitarias o infraestructuras eléctricas como postes de luz y torres de alta tensión.
Y de forma categórica: nada de paseos marítimos, espigones o zonas costeras mientras dure la alerta naranja por fenómenos costeros. El oleaje y las olas pueden alcanzar dimensiones peligrosas incluso para observadores que se crean a salvo en tierra firme.



