El sector del vino continúa consolidándose como una de las palancas económicas más sólidas del interior de la provincia de Alicante. Así lo defendió este miércoles el conseller de Agricultura, Miguel Barrachina, durante una visita a la bodega Casa Sicilia, donde puso el foco en la capacidad exportadora, el empleo y el arraigo territorial que genera la viticultura en la Comunitat Valenciana.
La cita sirvió para subrayar el impacto directo que tiene este sector en comarcas como el Medio Vinalopó, donde el cultivo de la vid sigue siendo un elemento clave para mantener actividad económica y población en municipios del interior. En el conjunto de la Comunitat, el vino genera un superávit comercial superior a los 240 millones de euros anuales y da trabajo, de forma directa e indirecta, a más de 32.000 personas.
Buena parte de esa fortaleza se apoya en la vocación internacional de las bodegas valencianas. Cerca del 64 % de la producción se destina a mercados exteriores y los vinos de la Comunitat están presentes en más de 70 países. En este contexto, Barrachina destacó que el crecimiento de las exportaciones, cercano al 50 % en los últimos años, responde a “la calidad, la tradición y la capacidad de innovar” del sector.
La provincia de Alicante juega un papel destacado dentro de este mapa vitivinícola. La Denominación de Origen Protegida Alicante agrupa a 44 bodegas certificadas y más de 10.600 hectáreas de viñedo, una superficie que sostiene empleo, paisaje y actividad económica en zonas rurales donde otras alternativas productivas son limitadas. En total, la Comunitat Valenciana cuenta con 231 bodegas inscritas en figuras de calidad, que generan un valor añadido bruto superior a los 1.885 millones de euros al año.
Durante la visita, el conseller también recordó las líneas de apoyo público dirigidas al sector, como los dos millones de euros destinados a la promoción del vino valenciano en mercados internacionales o las ayudas a las denominaciones de origen y sus consejos reguladores. A ello se suma una reciente rebaja de más de 50 tasas vinculadas a los análisis del vino, con reducciones que superan el 60 % en algunas pruebas, una medida que busca aliviar costes a bodegas y cooperativas.
Más allá de la producción, Barrachina puso el acento en el auge del enoturismo como complemento económico. Según los datos manejados por la Conselleria, este tipo de actividad atrae cada año a cerca de 130.000 visitantes, generando ingresos adicionales en hostelería, comercio y servicios en municipios vitivinícolas. No es un detalle menor si se tiene en cuenta que el viñedo está presente en el 35 % de los municipios valencianos y que, en las localidades vinculadas a este cultivo con menos de 30.000 habitantes, la población ha crecido por encima de la media en las últimas dos décadas.
La visita a Novelda dejó así un mensaje claro: el vino no solo es un producto agrícola, sino una herramienta de cohesión territorial que sigue teniendo un peso determinante en la economía y el futuro de buena parte del interior alicantino.



